El juego a dos aguas de la primera ministra británica Theresa May en cuanto a la salida de Reino Unido de la Unión Europea -Brexit- ha vuelto a hacer tambalear las rígidas columnas del sistema político británico. Tras dos años desde que los ingleses decidieran por la mínima abandonar la UE y duras negociaciones en las que el Brexit ha copado los titulares diarios de la aburrida prensa inglesa, May se ha anota un logro personal al ablandar dicha salida gracias al anuncio de creación de un área de libre comercio para bienes, además de garantizar una estrecha cooperación en materia de seguridad.

Pero esta huida hacia adelante no le ha salido gratis a May, ya que el ala dura de su partido la ha castigado con importantes dimisiones, entre ellas la del carismático ministro Boris Johnson, defensor de la ruptura total con Europa. En un país donde dimitir forma parte de la transparencia política que tanto falta en países como España, May, según los rotativos ingleses, se aferra al poder a pesar del clima de crisis que la rodea.

Desde el otro lado, Bruselas ve insuficiente el “suave y ordenado” Brexit que propone su oveja descarriada, y en las calles el clima anti-Brexit continúa su auge con masivas manifestaciones reclamando la imposible repetición del referéndum. ¿Cuál sería el resultado si se repitiera? Muchos podrán pensar que la sociedad británica ha recapacitado y no quieren ahora irse de Europa, pero ya la creencia popular antes de la consulta veía imposible que ganara el “out”.

Pero el ambiente entre los ciudadanos británicos antes de la votación hacía prever lo que estaba a punto de ocurrir. Mientras el mundo esperaba los resultados que confirmaran lo que la mayoría del arco parlamentario apoyaba, entre los ingleses y en las calles se respiraba un clima más escéptico que presagiaba lo que finalmente sucedió y le costó el cargo al ex primer ministro Cameron.

Por si fuera poco, en la fiesta se ha colado nada menos que Míster Donald Trump, que tras su participación en la cumbre anual de la OTAN, ha visitado el Reino Unido antes de partir a Helsinki. Su huracán de irreverencia, como no podía ser menos, ha desembocado en titulares críticos con el movimiento de May: “Si aprueban un acuerdo como ese, estaríamos tratando con la Unión Europea en lugar de con Reino Unido, y eso puede matar probablemente el acuerdo” comercial con EE.UU. Asimismo, sin pelos en la lengua, en una entrevista para The Sun, ha afirmado que Boris Johnson sería un gran primer ministro británico.

Un dolor de cabeza más para Theresa May, que a pesar de contar con una cómoda mayoría parlamentaria tras las elecciones del año pasado ve cómo se incrementa la división dentro de un Partido Conservador que tiene que aprender a controlar su euroescepticismo, ya que el empuje del Partido Laborista de Jeremy Corbyn, en el que nadie creía, es ya una realidad.

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