Puerto Rico votó el pasado domingo en un nuevo referéndum para decidir su situación política. El 97% de los votantes lo hizo a favor de ser un estado más de los EE.UU. Pero a pesar de esta dato arrollador a favor de la anexión total, la cifra de participación contrarresta también de forma abrumadora: solo un 22% de los llamados a votar lo hicieron. Es el quinto referéndum de estas características que se celebra en la isla y el segundo que apoya la anexión, pero ninguno de ellos ha sido vinculante, ya que esta decisión corresponde exclusivamente al Congreso del país norteamericano. A pesar de ello, los impulsores del plebiscito van a usar estos votos para un nuevo intento de hacer del país caribeño un estado de pleno derecho de los EE.UU.

Puerto Rico, que estuvo durante más de 400 años bajo dominio español, pasó a control americano tras la guerra hispano-estadounidense de 1898. Tras el decreto de la Ley Jones en 1917, los puertorriqueños pasaron a ser ciudadanos estadounidenses y la isla gozó de una condición especial como estado libre y asociado. Sus 3.5 millones de habitantes pertenecen a los EE.UU. pero no forman parte de ellos. Tienen su propio gobernador, elegido cada cuatro años, y no pueden votar en las elecciones presidenciales.

Esta nación del Caribe está atravesando una dura crisis económica que ha sumido al país en la bancarrota. Sufren una fuerte deuda económica y casi la mitad de su población se encuentra en estado de pobreza. El desempleo es acuciante y apenas hay dinero para sostener los servicios públicos, lo que ha llevado incluso al cierre de varias escuelas. Esta situación es la que empPuerto Rico en el mapauja a sus políticos a buscar soluciones como la anexión total con los EE.UU., lo que, supuestamente, aliviaría su estado. Pero la baja cifra de participación muestra el poco apoyo popular de las ideas unionistas, a pesar del esfuerzo del gobernador, Ricardo A. Roselló, del Partido Nuevo Progresista (PNP). El resto de partidos, unos independentistas y otros a favor del status quo, apenas han mostrado interés por la consulta y ni siquiera han instado a sus ciudadanos a votar por ninguna de las opciones. De esta forma, ¿cómo se tomará Washington el resultado?

La mayoría de las voces y opiniones recogidas apuntan a lo inútil de los esfuerzos del PNP. En este editorial del Nuevo Herald, diario de Miami dirigido a la comunidad hispana, señalan como principal ganadora a la “apatía electoral” y destacan la nula predisposición del Congreso estadounidense de convertir Puerto Rico en el estado número 51. Y menos aún ahora con la administración Trump, ya que, según anteriores resultados electorales, Puerto Rico sumaría votos a los demócratas, sus principales rivales; además, EE.UU. tendría que cargar con un estado pobre (se convertiría en el más pobre del país con gran diferencia con el siguiente) y con alta necesidad de asistencia. En este otro editorial, publicado hoy en el diario puertorriqueño El Nuevo Día y titulado “La agenda económica es la prioridad de Puerto Rico”, se añade también escepticismo: “Al resultado del plebiscito, convocado por el partido oficialista cuya opción estadista obtuvo el mayor número de votos en un proceso de alta abstención, con repudio de la oposición local y sin aval del Gobierno de Estados Unidos, lo rodea la incertidumbre sobre el efecto real que tendrá en las esferas de poder en Washington”.

A pesar de todo ello, el partido de Roselló acudirá al Congreso de EE.UU. con los datos en la mano y presionará para que se escuchen sus voces. La Casa Blanca, a través de su secretario de prensa, Sean Spicer, ha dicho que el Congreso abordará, tras el referéndum, la situación. Pero los analistas políticos son contundentes: Nestor Duprey, en unas declaraciones recogidas por The New York Times, dice que “es un ejercicio inútil, porque ya hemos visto que la administración Trump no ha mostrado el más mínimo interés en el proceso en sí mismo, y mucho menos en la voluntad del pueblo de Puerto Rico”. Seguiremos atentos.

Puerto Rico

This article has 1 comment

  1. Como puertorriqueño me parece lamentable querer unirse a un país que en este momento trata a los latinoamericanos como ciudadanos de segunda.

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