Andrés Manuel López Obrador (AMLO) la ha querido denominar como Cuarta Revolución. Para analistas como el exdirector de El País, hablamos más bien de una “revolución permanente” en un país que, como Francia, no deja de celebrar “la retórica revolucionaria en su discurso oficial”. Está por ver ahora si tras la Independencia de España, las Leyes de Reforma y la Revolución Mexicana, este trascendental cambio en el país centroamericano se erige realmente como Cuarta Revolución.

Con una mayoría aplastante y al frente del partido Morena, AMLO ha acabado con ocho décadas de gobiernos de derecha compartidas entre el PAN y el todopoderoso PRI, que tras esta derrota ve peligrar sus estructuras. Solo el gran hartazgo de los mexicanos ante varios y escandalosos casos de corrupción y la violencia que sitúa al país entre los diez más violentos del mundo han servido de acicate para que la sociedad mexicana reaccione y cambie su ideario en busca del cambio.

Cambios que AMLO, el presidente más votado de la historia de México, ha esparcido en todas sus promesas como la ley de amnistía que ya ha prometido que llevará al Congreso para pacificar la violencia ligada al crimen organizado. “Yo voy a conseguir la paz, ese es mi compromiso, voy a conseguir la paz y voy a terminar con la guerra”. Y prometió que solo le bastarían tres años para cumplir este objetivo.

Compromisos como éste han llevado a AMLO a conseguir el viraje del país hacia la izquierda a pesar de que hablamos de una sociedad conservadora muy opuesta siempre a propuestas tradicionales de la izquierda como el matrimonio homosexual o el aborto que podrían ahora encontrar su hueco en México.

Según la legislación mexicana, aún quedan cinco largos meses para que el presidente electo tome posesión de su cargo y prepare un programa donde también debe incluir gran espacio para la política internacional, sobre todo en cuanto a las relaciones diplomáticas con su vecino del norte. EE.UU. tendrá ahora que seguir su política de confrontación con un nuevo presidente en las antípodas ideológicas de Donald Trump, que a pesar de los retrasos sigue empeñado en la construcción de un muro que ya discurre por un tercio de la frontera. Y que lo pague México.

El inicio de la relación entre ambos mandatarios, según apunta Carlos Pérez, corresponsal de ABC en Washington, han sido cordiales. Trump habría llamado a López Obrador para felicitarle y en una conversación de 30 minutos la tensión entre ambos países habría quedado aparcada, al menos, de momento. Está por ver cómo avanzan estas conversaciones que pueden llegar, presumiblemente, al desencuentro, sobre todo teniendo en cuenta que, durante la campaña electoral mexicana, Trump se habría referido a AMLO como “no tan buenta gente” y éste, por su parte, habría declarado no aceptar la construcción del muro con la frontera mexicana.

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