Cuando David se ofreció como voluntario para derrotar a Goliat pocos apostaron por él. El pequeño pastor se enfrentaba con un aguerrido guerrero que tenía aterrorizado al ejército israelí, pero su fe en Dios pudo más que el miedo o la cobardía. Con un único y certero tiro de su honda, derribó al guerrero y, arrebatándole su espada, lo degolló. El pequeño venció, contra todo pronóstico, al grande. Es solo una historia bíblica, pero el sencillo y a la vez profundo significado que incluye la sitúa entre las más famosas de la Biblia.

¿Podríamos extrapolarla al caso WikiLeaks? Esta organización sin ánimo de lucro, nacida en 2006, tiene como principal objetivo sacar a la luz documentos clasificados que revelan información sensible y confidencial, siempre respetando el anonimato de las fuentes. El periodismo de investigación ya nos haHacker dado muchos ejemplos de esta lucha “bíblica” contra el poder establecido, pero la amplísima repercusión de los miles de documentos difundidos por esta organización han supuesto una revolución en cuanto a la revelación de secretos. Esta vez David se enfrenta a un Goliat en cuya cabeza se encuentra el poderoso gobierno de EE.UU. y, además, dicha cabeza reposa sobre un cuerpo formado por las decenas de gobiernos y servicios secretos afectados por la publicación de esta información sensible. Aún está por determinar quién ganará la batalla.

Las primeras filtraciones comenzaron en 2007 con documentos que detallaban el equipo militar que EE.UU. desplegó en las guerras de Afganistán e Irak, así como cables contra la iglesia de la Cienciología o sobre irregularidades cometidas en Guantánamo. De esta forma, WikiLeaks y Julian Assange, su creador, empezaban a llamar la atención del gobierno estadounidense. Pero no sería hasta 2010 cuando Wikileaks abriría los informativos de todo el mundo tras serias revelaciones que pondrían en jaque al  gobierno más poderoso del planeta.

 

Lo que aprendimos de Irak

En marzo de 2003 el gobierno estadounidense de George Bush, ayudado por las tropas británicas, inicia la guerra de Irak. En pocos meses tomarían el control del país y derrocarían la dictadura de Sadam Hussein, que fue detenido a finales de ese año. Pero el conflicto no terminó ahí, ya que tras la caída del dictador la región se sumió en un régimen de inestabilidad que prácticamente llega hasta nuestros días. A pesar de la ocupación estadounidense y de sus aliados, los insurrectos fieles al régimen se reagruparon, apoyados, además, por el terrorismo de Al-Quaeda. Inestabilidad política y social, guerra civil, atentados… y en ningún momento se encontraron las denominadas “armas de destrucción masiva“, principal “motivo” por el que se produjo la invasión. En 2011, tras ni ganar ni perder, las tropas americanas se retirarían de la zona.

Fue, en definitiva, un conflicto más cuyos reales motivos intuimos y cuyas consecuencias reales… ¿nunca sabremos? En toda guerra se producen atrocidades, mueren víctimas inocentes y miles de civiles se ven obligados a abandonar sus casas. La versión oficial nunca nos habla de estas cosas, pero tras las masivas filtraciones de WikiLeaks en 2010 el mundo pudo asomarse claramente a esta barbarie. La primera y más impactante filtración de esta agencia fue la de un vídeo en el que se muestra cómo soldados estadounidenses disparan a civiles desde un helicóptero. Las imágenes las pueden ver en este enlace de Youtube con más de 16 millones de visualizaciones. En él se muestra cómo los soldados disparan a un reportero de la agencia Reuters y a aquéllos que se acercan para socorrerlo. Esta filtración supuso un gran escándalo.

Meses después, WikiLeaks publicó los diarios de las guerras de Afganistán e Iraq, mileBandera de Iraks de cables que hablaban de atrocidades, crímenes de guerra e irregularidades que nunca antes salieron a la luz. Entre los 391.831 documentos filtrados sobre la guerra de Iraq se desvela cómo los soldados de EE.UU. hicieron la vista gorda ante los abusos y torturas que cientos de presos sufrían a manos de los iraquíes; también desvelan que la cifra de civiles muertos ascendió a 66.000; y, entre otros, también revela cómo las fuerzas españolas, supuestamente enviadas en misión de paz, tuvieron que enfrentarse a situaciones reales de guerra.

 

Otras filtraciones

WikiLeaks, tras estas filtraciones, se convierte en enemigo principal de los EE.UU. y sus servicios secretos. No sentó nada bien en la administración Bush que se desvelaran secretos que pusieran en evidencia la seguridad nacional y el Estado de Derecho. Pero esto no amilanó a Julian Assange y a sus seguidores. Ayudados por una red de periódicos internacionales formados por The Guardian (Reino Unido), The New York Times (EE.UU.), Le Monde (Francia), Der Spiegel (Alemania), El País (España), Al Jazeera (países árabes) y el Bureau of Investigative Journalism (internacional), la publicación masiva de cables no se detuvo.

En el mismo año 2010 se filtró el denominado “Cablegate“, más de 250.000 documentos secretos que mostraban comunicaciones entre diferentes embajadas del mundo. Sospechas de corrupción en el gobierno afgano, posible ataque aéreo sobre Irán, cambios en las relaciones entre China y Corea del Norte, la estrecha relación entre los presidentes ruso (Putin) e italiano (Berlusconi)… Miles de informaciones secretas que supusieron una grave crisis diplomática y que hicieron que WikiLeaks se ganara decenas de enemigos a nivel mundial.

En esta página oficial de la organización pueden encontrar con todo detalle cada uno de los cables publicados; además, los periódicos colaboradores, en sus versiones digitales, cuentan con sendas secciones sobre el caso. Y es que tras estas grandes filtraciones de 2010 WikiLeaks no ha dejado de sacar informaciones, quizá no de forma tan masiva, pero merece la pena dar un paseo por su web y conocer algunas de las verdades que nunca nos han contado.

Quizá por lo masivo de sus archivos, o por la falta de interés que incluso este tipo de noticias provocan, o por la caza de brujas a la que están sometidos, la revolución WikiLeaks no ha provocado, como podría ser de esperar, consecuencias especialmente graves. Supuso un antes y un después y a su alrededor se ha forjado una filosofía de lucha cibernética contra el poder sin parangón, pero pocas cabezas han rodado y pocas consecuencias políticas se han producido a pesar de las graves revelaciones que se han dado a la luz. Gracias a WikiLeaks sabemos que, recientemente, las fuerzas de espionaje estadounidenses cuentan con medios para vigilar teléfonos, portátiles e incluso televisiones inteligentes y coches con conexión a internet. Solo en este mes se han publicado tres cables, un de ellos sobre una herramienta de la CIA para controlar ordenadores de oficina. Pero estas noticias, que a veces hasta ocupan titulares en todo el mundo, se pierden al día siguiente entre el mundanal ruido de la sociedad y quedan en poco. Parece ser que nada ocurre a pesar de todo lo que nos revelan.

Se nos plantean, además, los siguientes interrogantes: ¿Privacidad o seguridad? ¿Libertad de expresión o seguridad nacional? ¿Cuánto derecho tenemos los ciudadanos a saber todo lo que ocurre de verdad? Cuando una información se clasifica como confidencial se ampara principalmente en la seguridad y en la privacidad, pero estos límites a veces son muy difusos y se aprovechan para ocultar información que hacen temblar, como hemos leído, hasta al más poderoso de los gobiernos.

 

Las víctimas de WikiLeaks

Pocas han sido las víctimas reales que han provocado las filtraciones. Tras los “Papeles de Panamá” muchos nombres se pusieron en entredicho y se iniciaron diversas acciones legales contra ellos, pero el caso WikiLeaks muestra otros tipos de corrupción contra los que es más difícil luchar gracias a la connivencia por parte de los poderes de los gobiernos. De hecho, la organización y sus componentes sufren un gran acoso.

A pesar del esfuerzo de WikiLeaks por mantener el anonimato de sus fuentes, se descubrió que las revelaciones de 2010 fueron provistas por la soldado estadounidense Chelsea Manning. La militar y analista, que se encontraba en Bagdag en ese momento, fue detenida y retenida durante más de un mes sin cargos para, posteriormente, ser trasladada a un centro de detención militar en Virginia. Fue fuertemente aislada y vigilada y en mayo de 2013 fue condenada a 35 años de prisión por, entre otros cargos, violar la AnonymousLey de Espionaje. Pero la presión internacional de organizaciones humanitarias y a favor de los derechos humanos empujó al anterior presidente Barack Obama a conmutar su pena, por lo que la ex analista salió de la cárcel hace dos semanas, cumpliendo solo 7 de los 35 años a los que fue condenada.

Otro de los perseguidos por las revelaciones es Edward Snowden. Antiguo empleado de la CIA y la NSA (Agencia Central de Inteligencia), reveló en 2013 diversos programas secretos de espionaje. Tras ello se refugió en Rusia, donde supuestamente se encuentra todavía y tiene derecho de asilo hasta 2020. Pero su futuro próximo es incierto, ya que, como vemos en esta información de El Mundo, algunas fuentes barajan que El Kremlin podría estar planteándose devolverlo a los EE.UU. para ganarse aún más el favor de Donald Trump. Si esto ocurriera, el ex analista se podría enfrentar hasta a 30 años de prisión.

Pero la gran víctima y enemigo número uno del caso WikiLeaks es, sin duda alguna, Julian Assange. Nació en Australia y desde muy joven se interesó por la informática, el periodismo y el activismo. Tras las filtraciones de 2010 se inició una gran persecución política contra él que acabó con su refugio en la embajada de Ecuador en Londres. A pesar de no existir una petición oficial de extradición por parte de los EE.UU., donde podría enfrentarse hasta a una pena de muerte, el hacker australiano se vio obligado a tomar esta medida tras varias acusaciones de violación y acoso sexual que llegaron desde Suecia, algo entendido por muchos como oportunista.

Son casi cinco años ya de asilo en la embajada ecuatoriana. La fiscalía sueca retiró hace poco los cargos contra Assange, pero la policía británica ha advertido que, aún así, podría ser detenido si abandona la embajada. ¿Ángel o demonio? Los abogados de Assange, entre los que se encuentra el español Baltasar Garzón, van a iniciar un diálogo con la policía inglesa para estudiar el caso del australiano, pero nada pinta bien para él en una sociedad donde Goliat parece tener demasiado poder.

 

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